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    September 06

    Una carta...

     

    Querido Juan:

    Voy a escribirte ahora. Lo había dilatado porque aún no me sentía listo. Tenía una mezcla de sentimientos que se anulaban. Tenía rabia man, tenía mucha rabia y pena. Tantas veces lo conversamos, tantas veces te dije que si yo había podido superarlo estaba seguro que tú lo harías. Tú reas el fuerte y yo el “maricón sensible”, el “intelectual”. Siempre había sido así y de alguna manera había aceptado ese rol. Éramos complementarios. Admiraba en ti lo que jamás podría llegar a ser, lo que no quería ser, y tu… bueno, estoy seguro de que también sabias que yo era tu versión en negativo. Ambos sabíamos que a pesar de nuestras grandes diferencias, por debajo de nuestras venas la sangre de la cual nos jactábamos nos hacía uno para siempre. Cada uno en lo suyo, cada uno en su área, éramos Miranda. Los hermanos Miranda. Los últimos de la estirpe maldita.

    Cuando supe lo que habías hecho estaba en el mall, el mismo puto lugar donde estaba cuando supe de la muerte de mi viejo… ¿lo elegiste así? ¿O fue una de esas lamentables coincidencias? Supongo que lo elegiste. Siempre hiciste las cosas a tu manera y a todos no nos quedaba otra alternativa que secundarte o quererte así. Y era tan fácil quererte cabro culiao. Demasiado fácil. Tan sólo un par de veces resultó complicado amarte, y eso bastó para que te desplomaras. ¿Qué habría pasado contigo si hubiésemos cambiado nuestras vidas por un rato?

    Me pregunto qué te hizo tan especial para todos. Por qué una multitud de personas me contó la misma versión de la historia. Que tú fuiste un amigo muy especial, cercano, pero al mismo tiempo distante. Que tus silencios te dieron esa aura de alguien que se cerraba, pero que era una puerta abierta para todos. Para todo. ¿Te acuerdas del Soza? ¡Estuvo acá Gueón! hubieras visto cómo te recordaba entre lágrimas. Lágrimas sinceras del que fue tocado con tu existencia. Si alguien pudiera contarte sobre la gente que vino a despedirse de ti, de las cosas que dijeron… quisiera la mitad de tu funeral, sólo la mitad para sentir que alguien me amó en este puto mundo.

    Hace algunas noches atrás, una de esas noches de alcohol y lágrimas que dejaste, Osvaldo y yo estábamos conversando en su auto. Reconocimos que eras de todos y eras de nadie… que no le perteneciste a nadie en especial, pero que todos te sentimos nuestro al mismo tiempo. ¿Cómo resolver esa contradicción? Creo que siempre fuiste una contradicción, ¿No? De la forma al fondo, del fondo a la forma, del vacío al todo, del todo al vacío.

    Mi cabeza se ha llenado de brumas, de oscuridad. No logro pensar en nada más que el presente y el pasado, ese pasado que compartimos algunas veces. De la vez que me dijiste en el auto, en uno de nuestros últimos momentos “Ahora que te vas a ir ¿quién me va a encender los cigarrillos cuando tenga que viajar de nuevo?” Cada vez que enciendo uno es para ti también. Siempre va a ser así.

    No dejo de pensar en ti. ¿Se supone que debo sacar una lección de todo esto? ¿Pretendías dejarme una lección? Aún no la entiendo y no sé si algún día lo voy a entender. Lo siento, pero siempre he sido lento leyendo a los demás. Ese ha sido my gran problema. No leo bien los subtextos.

    Nosotros aún estamos un poco mareados y confundidos. La Vane está mejor. Estoy cuidándola como de seguro querías que lo hiciera. Mi vieja está aprendiendo a vivir contigo transformado en recuerdo. Tus amigos, ellos tratan de seguir con sus vidas pero es grande el vacío que les dejaste.

    Cuídate Juan. Espero que ahora estés bien, de verdad lo espero. Saludos a mi viejo.

                                                    Gonzalo.